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En un jardín en obra de Altos de San Lorenzo no paran los robos / Web

Por Redacción

En los centros educativos de la Ciudad el ciclo delictivo permanece inalterable. Fue con dos nuevos ataques, uno en un jardín de infantes en obra en Altos de San Lorenzo y otro en una escuela primera de Arturo Seguí.

No importa si están en pleno funcionamiento, en obra o cerrado por vacaciones. Cualquier lugar y momento parece propicio para la irrupción de delincuentes en este tipo de establecimientos, que pese a su importancia social, nunca quedan al margen de los robos y los destrozos.

Es evidente que ya no hay códigos. Ni siquiera cuando los chicos son los más perjudicados.

En el caso del Jardín Nº 912, ubicado en 77 entre 131 y 132, viene siendo epicentro de reiterados saqueos de materiales y otros objetos, mientras se encuentra en refacción, claro hace tres años.

En este establecimiento educativo, donde las clases se dan en conteiners prestados por la Escuela 22, de 76 entre 23 y 24, no cuentan con el espacio físico.

Lo cierto es que en las últimas horas, un grupo de padres se acercó al predio para protestar por las tareas inconclusas y se encontraron con una sorpresa: vieron a un ladrón cuando trepaba por las paredes e intentaba escapar.

Este establecimiento ya registró incesantes golpes en los últimos meses y este era otro motivo de “pedido de seguridad”, que querían realizar los padres.

Las mamás, se dijo, trataron de interceptar al delincuente, pero se encontraba “muy alterado” y huyó rápidamente de la escena.

En lo que va del año, “ya se sufrió un total de ocho robos. Es inaceptable”, indicaron a la prensa.

Por su parte, en la Escuela Primera Nº 32 de Arturo Seguí, que funciona en Diagonal 144 entre 414 bis y 415, denunciaron que ayer, cerca de las siete de la mañana, se enteraron de una intrusión en el edificio.

Fue una auxiliar que se topó con un gran desorden en el sector de la dirección de la institución, donde robaron diez notebooks del programa Conectar Igualdad, todas con logo de color celeste del Ministerio de la Nación, y una caja chica de la Cooperadora, donde guardaban unos setenta mil pesos.

Se supo que en un patio trasero que da a la calle 415, encontraron la puerta de chapa violentada y los cables de la alarma sonora cortados. Por ahí habrían entrado.

Además, los armarios de casi todas las aulas se encuentran abiertos, aunque no se supo si hubo más faltantes por el caos imperante en el lugar.

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